Manual de Búsqueda y Salvamento Terrestre: una metodología internacional para encontrar a personas desaparecidas

El pasado 22 de noviembre, la Asociación Sosdesaparecidos y el Gobierno de Navarra presentaron en la sede del Centro Nacional de Desaparecidos, en Madrid, el primer volumen del Manual de Búsqueda y Salvamento TerrestreUn trabajo de más de 700 páginas que ha sido realizado de manera altruista y solidaria con el objetivo de dar a conocer una metodología internacional que permita mejorar las búsquedas de personas desaparecidas en el entorno rural.

El manual, que ya está disponible para su descarga gratuita en la página web de la Asociación Sosdesaparecidos, ha sido elaborado por un total de 20 profesionales, dos de ellos de reconocido prestigio más allá de nuestras fronteras como son el estadounidense Robert J. Koester, autor del libro Lost Person Behavior y gestor de la base de datos internacional de incidentes de búsqueda y salvamento ISRID, y el canadiense Kenneth Hill, autor de varias publicaciones de referencia sobre búsqueda y salvamento terrestre.

El proyecto empezó a coordinarse hace más de dos años por iniciativa de Manuel Jabalera, integrante de Sosdesaparecidos y del Grupo de Emergencias de Andalucía (GREA) y recibió el impulso definitivo tras la llegada a la Asociación de José Vicente Romero, con quien hemos mantenido una extensa entrevista sobre el origen y desarrollo de la obra, así como de las características esenciales que debe tener la búsqueda de una persona desaparecida en zonas rurales.

José Vicente Romero fue policía municipal en Pamplona desde principios de los años noventa hasta el 2010, cuando empezó a compaginar su profesión de bombero con la prevención, planificación y gestión de búsquedas de peregrinos perdidos o desaparecidos en el Camino de Santiago y de menores en paradero desconocido. Actualmente también forma parte de la Asociación Sosdesaparecidos, donde desempeña el cargo de coordinador de Navarra.

Presentación del primer volumen del Manual de Búsqueda y Salvamento Terrestre en el Centro Nacional de Desaparecidos (Madrid), el 22 de noviembre de 2018.

¿Cómo surgió la idea de escribir el manual?

El proyecto nació de la Asociación Sosdesaparecidos y lo inició Manuel Jabalera. Cuando llegué, el manual estaba en sus inicios. Manuel y yo comenzamos a trabajar en él y decidimos solicitar la colaboración de personas que fuesen un reflejo de lo que en estos momentos se está trabajando a nivel internacional. Mi intención era que en aquellos ámbitos en los que los recursos trabajan de manera muy especializada (por ejemplo, personas que trabajan con perros, con drones o los rastreadores) compartiesen con nosotros su conocimiento y escribiesen un capítulo dedicado a su especialidad.

Para ello contactamos con varios profesionales como José Luis Calvete, un bombero de la Diputación de Zaragoza que trabaja con drones; Fernando Gómez Velasco y Paloma Troya Santamaría, que forman parte de la Scott Donelan Tracking School; el presidente de la Cruz Roja de Vitoria Ander López de Abechuco Martínez de Rituerto, quien, por cierto, fue uno de los primeros en hablar de esta metodología internacional; Joan Jiménez Baladó, neurocientífico del hospital Vall de Ebrón, que es autor de un artículo muy interesante sobre un sistema de posicionamiento cerebral, ya que una de las cosas que debemos conocer es cómo nos orientamos y por qué nos desorientamos.

Además, si hablamos de médicos, otra colaboración fundamental ha sido la del doctor Víctor Navarro Odriozola, psiquiatra del Hospital Clínico de Barcelona, que ha aportado una información muy importante que se ha incluido en el capítulo sobre estadísticas y estudios de comportamiento. En este caso sucedió que repasando su trabajo vi que tenía escritos unos artículos muy completos sobre enfermedades mentales en los que se explica muy bien la diferencia entre delirio y alucinación, que a veces no está clara.

El último fichaje estrella ha sido Robert Koester, el autor del libro Lost Person Behavior, que tiene una base de datos internacional con estadísticas de comportamiento de gran cantidad de categorías de personas desaparecidas de todo el mundo. De hecho, cuando escribió su trabajo en 2008 había recopilado 50.000 incidentes de búsqueda que luego ha ido ampliando hasta conseguir un total de 150.000. Como te imaginarás, no existe nada igual a nivel estadístico. Koester, que es científico, utilizó las estadísticas mediante un método riguroso y escribió el libro exponiendo esos datos de una forma precisa.

¿Por qué habéis decidido realizar un trabajo de estas características?

En España, la organización y planificación de las búsquedas a veces presenta deficiencias, por lo que es fundamental que aprendamos de la labor de aquellos profesionales que llevan cuarenta años realizando búsquedas terrestres y ochenta en búsquedas navales y aeronáuticas. Hay que tener en cuenta que estamos hablando de una metodología internacional; ahí fuera hay un conjunto de países que nos están diciendo cómo trabajan sus expertos.

Cuando empezamos a escribir el manual, lo primero que hice fue ver los trabajos que se habían publicado en español. Comprobé que algunos hacían referencia a una bibliografía internacional y decidí acudir directamente a esas fuentes, lo que supuso un esfuerzo mucho mayor, ya que se hizo necesario traducir toda la documentación. Sin embargo, esto nos permitió ahondar en un nuevo mundo.

A partir de ese momento decidimos adoptar una metodología internacional, un sistema que se está trabajando en Estados Unidos, Canadá o Reino Unido, pero que hasta ahora no había llegado a nuestro país por el idioma. Nuestro manual, por lo tanto, es una reproducción muy fiel de esta metodología internacional que atesora aspectos complicados de entender, como por ejemplo la teoría de la búsqueda, que tiene su propia sistemática y en ella se utilizan fórmulas matemáticas. Como te podrás imaginar no es fácil entenderlo del inglés y tampoco ha sido fácil traducirlo.

Como has comentado, el manual refleja un método reconocido a nivel internacional. ¿Cuál fue el origen de este sistema de búsqueda?

La teoría de la búsqueda comenzó a desarrollarse en Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, cuando el ejército se vio en la necesidad de diseñar métodos efectivos de búsqueda que ayudasen a detectar submarinos alemanes que estaban causando estragos hundiendo sus convoyes de buques en el Atlántico y que ayudasen a recuperar supervivientes tras el hundimiento de barcos o el derribo de aviones aliados. Estos métodos fueron objeto de estudio de unos matemáticos de la denominada «Investigación de Operaciones», que fueron trasladados a los buques para que encontrasen la forma de mejorar los sistemas de búsqueda.

Hace unos treinta o cuarenta años, este mismo método que los aliados usaron en la guerra se empezó a emplear en la búsqueda terrestre, aunque en un principio las fórmulas eran un poco más complejas. Uno de los acontecimientos en los que este sistema se utilizó fue en la búsqueda de una de las bombas que cayeron en Palomares, en Almería, y terminó de coger éxito dos años más tarde, cuando se produjo la desaparición del submarino USS Scorpion en la costa de las Azores, al que en un principio daban por perdido. Sin embargo, los expertos utilizaron la teoría de la búsqueda empleando métodos de la denominada búsqueda bayesiana, y teniendo en cuenta la predicción que habían hecho sobre ciertos elementos como una serie de ruidos oídos en el mar, le asignaron a cada porción de área una probabilidad, lo que significó no perder el tiempo en lugares donde no existía esa probabilidad. También se descartaron zonas donde la profundidad de las aguas imposibilitaba la probabilidad de detección (hay que tener en cuenta que el producto de la probabilidad de área por la probabilidad de detección determina la probabilidad de éxito). Finalmente, el buque fue encontrado a unos doscientos metros de una de las zonas que había sido clasificada como de máxima probabilidad.

Como te decía, la teoría de la búsqueda se fue desarrollando y aplicando en el ámbito terrestre, y en el año 2017, las asociaciones Nasar y Eri, que tenían sus propios manuales reconocidos a nivel internacional, decidieron unir su conocimiento para realizar un gran manual que tuviese unos estándares internacionales para la búsqueda y salvamento terrestre. Fue así como nació Managing the Inland Search Function (Gestión de las Funciones de Búsqueda de Interior).

Manual de Búsqueda y Salvamento Terrestre. Manuel Jabalera. José Vicente Romero. Asociación Sosdesaparecidos
José Vicente Romero durante la presentación del primer volumen del Manual de Búsqueda y Salvamento Terrestre en el Encuentro Nacional de Protección Civil de Milagro (Navarra). Cortesía de José Vicente Romero.

Situándonos en el caso de España, ¿qué aspectos consideras que deberían cambiarse para realizar una búsqueda eficiente?

En España, en relación a la respuesta a incidentes de búsqueda y salvamento de personas desaparecidas, la problemática principal es la siguiente: primero, no se aplica una metodología única a nivel nacional; segundo, no existe un sistema único de gestión de incidentes, como por ejemplo el NIMS (National Incident Management System) de Estados Unidos, y tercero, no se dispone de una estructura organizativa común, aplicable en todo el territorio, como puede ser a nivel internacional el Sistema de Comando de Incidentes (SCI).

Hoy en día sería necesaria una mayor formación y especialización, una estructura organizativa clara, saber delimitar bien el área de búsqueda y contar con personal técnico que ayudara en la planificación. Una persona o dos no pueden llevar la planificación, coordinación y gestión de un operativo de búsqueda.

Además, hay que prestar mucha más atención cuando se está trabajando. Todos hemos visto esas búsquedas en las que hay gente que va hablando distraída, mirando el teléfono móvil… Así no se puede realizar una búsqueda profesional. Es necesario que estemos concentrados, caminando despacio y mirando las cosas bien.

También debemos tener en cuenta a la persona y el lugar donde se va a realizar la búsqueda. Se sabe que hay sujetos que es muy probable que no contesten a las llamadas de los buscadores o que se escondan de nosotros. Por ejemplo, un enfermo mental puede sufrir un ataque psicótico y pensar que no eres un buscador y que le estás persiguiendo para hacerle daño. Por lo tanto, hay que tener mucho cuidado con el perfil de las personas a las que se va a buscar, ya que se trata de recuperar al desaparecido con vida, no de que nadie muera ni que resulte lesionado. Además, en un entorno de alta montaña tienes que mandar a recursos formados, no a buscadores mal entrenados o sin formación que se puedan jugar la vida.

En el briefing, esa charla inicial que se da a los miembros del operativo, el mando debe abordar todos esos aspectos: informar al buscador a qué sujeto va a buscar, dónde hay que hacerlo, qué protocolo hay que seguir a la hora de encontrar cualquier indicio y cómo tiene que tratar con la familia y los medios de comunicación. En este último caso, la información que se facilite debe provenir del Mando del Incidente o de aquella persona elegida como Responsable de Información Pública, puesto que nadie puede revelar información ni publicitar la búsqueda en las redes sociales.

Posteriormente volverá a hacerse un debriefing en el que se preguntará a los buscadores por ciertos parámetros que permitan analizar la efectividad de la búsqueda (cómo han buscado en el área, si se han dejado alguna zona, qué técnica considerarían la más adecuada en el supuesto caso de que se debiera volver a buscar esa misma área…). Por otro lado es fundamental que se cree la figura del Enlace con la familia para mantener a los familiares informados del desarrollo de la búsqueda.

Otra cuestión absolutamente necesaria es identificar y proteger el punto en que la persona ha sido vista por última vez o el último punto donde se sabe que ha estado (el que nos servirá como punto de planificación inicial). Como hemos dicho, debe estar protegido como si de la escena de un crimen se tratara, ya que suele ser muy rico en huellas y rastros que pueden seguir los perros de mantrailing y los rastreadores, o aportar indicios que ayuden a la investigación. Este punto nos servirá como apoyo para determinar un área de búsqueda a su alrededor.

Según esta metodología internacional, ¿qué debemos hacer cuando desaparece una persona?

Cuando desaparece una persona, una de las primeras cuestiones es determinar el área de búsqueda, es decir, saber dónde tengo que buscar, y para hacerlo bien debemos seguir cuatro pasos: el método teórico, estadístico, subjetivo y deductivo, siempre siguiendo este orden.

El método teórico se utiliza para intentar limitar el método estadístico teniendo en cuenta el tiempo y la velocidad a la que se puede desplazar la persona desaparecida. Luego utilizas un método subjetivo para intentar limitar aún más esa área de búsqueda inicial y determinas aquellas áreas en las que crees que es casi imposible que haya pasado una persona.

Por último, en el método deductivo, con toda la información que tengo disponible sobre esos otros métodos, el estudio del terreno y la vegetación, la información que me ha dado el cuestionario de investigación sobre la persona desaparecida o la información aportada por los estudios sobre el comportamiento y las estadísticas de personas desaparecidas de su misma categoría, determino un área que recibe la denominación de área de búsqueda inicial.

Eso no significa que sólo deba buscar ahí, sino que ese es el espacio donde voy a concentrar el esfuerzo de búsqueda inicial. Si la persona no aparece ahí, pero siguen habiendo probabilidades en el resto del área determinada por el método estadístico, tendríamos que ampliar el área de búsqueda. Al principio también debe analizarse la probabilidad de que esa persona no se encuentre en el área de búsqueda.

Por lo tanto, lo primero que tenemos que hacer es aprender a determinar bien cuál es mi área de búsqueda. Hoy en día el desconocimiento, el no entender estos sistemas, hace que con frecuencia no se aplique de una forma correcta.

Una vez determinada el área de búsqueda, ¿cuál sería el siguiente paso?

Lo segundo que tenemos que hacer es señalar aquellos elementos en los que es más probable que se encuentre la persona desaparecida y aplicar unas estrategias, técnicas y tácticas adecuadas a cada fase y condiciones de la búsqueda teniendo en cuenta que debemos utilizar la batida cerrada como último recurso porque requiere mucho personal, batimos pocas áreas y se destruyen muchos indicios.

La búsqueda de una persona desaparecida está dividida en varias fases en las que no se aplican las mismas técnicas en todas ellas.

Hay una primera fase que es la fase de respuesta inicial, que es cuando se inicia la búsqueda. En este momento de lo que se trata es de completar unas tareas reflejas iniciales que reciben esta denominación porque deben ser rápidas, como un acto reflejo y también porque son un reflejo de las tareas que han demostrado tener éxito en búsquedas anteriores.

En esta fase se aconseja trabajar con equipos pequeños, muy entrenados, cuya misión principal es recorrer aquellos elementos que hemos señalado y en los que hay más probabilidades de encontrar a la persona desaparecida. Si alguien nos ha dicho que esa persona se ha ido por un camino, hay más probabilidades de encontrarla por ese lugar, aunque también tenemos que buscar por otros espacios. El lugar donde ha desaparecido es un punto con muchas probabilidades; el recorrido, si lo sabemos, es otro punto a mirar, así como el punto de destino, aunque los elementos lineales que están a nuestro alrededor también son importantes, puesto que la persona desaparecida se ha podido equivocar.

Cuando hablo de elementos lineales me refiero a cualquier parte que haya podido servir a la persona para desplazarse. Además de las carreteras, caminos, pistas, sendas, etc. hay que tener en cuenta otros elementos que pueden servir de ayuda de desplazamiento, haciéndolo más fácil y en los que también se debe buscar, como por ejemplo la orilla de un río o de un bosque, un cortafuegos… También es necesario buscar en los puntos de decisión: aquellos en los que el desaparecido se ha podido equivocar. Un ejemplo clásico son los cruces de caminos.

Dentro de estas equivocaciones nos encontramos con los errores activos, cuando por ejemplo la persona interpreta mal un mapa; o pasivos, que puede suceder cuando el sujeto va despistado y no se da cuenta de que por ejemplo existe un cruce de caminos. La persona que está planificando, por lo tanto, tendrá que analizar cuáles son esos puntos de decisión que han podido llevar al desaparecido a confundirse, y ver hacia dónde le han podido conducir.

Otra cosa muy importante que hay que analizar son las zonas de riesgo y bloquear el paso para evitar que la persona sufra un accidente, así como analizar aquellas zonas que han podido atraerla, como una fuente o un sitio donde acude con frecuencia.

Sin embargo, no solo habría que buscar en estos puntos que te acabo de comentar, sino que debemos completar toda una serie de tareas reflejas tal y como hemos mencionado anteriormente. Estas tareas se dividen en grupos. El primer grupo de tareas estaría relacionada con la estrategia de investigación, que debe continuar durante toda la búsqueda. Para el resto de tareas podemos utilizar un sistema utilizado por Robert Koester que él mismo llama el método de «rueda de bicicleta» y que sirve como regla nemotécnica para recordar el resto de grupos de tareas.

En el modelo «rueda de bicicleta», el eje representa el punto de planificación inicial; el buje o engranaje, el área inmediata; la llanta, es decir la parte exterior de la rueda, representaría la contención; los radios serían los elementos lineales (carreteras y caminos), y los reflectores o catadriópticos, los puntos de interés (puntos de decisión, puntos de atracción, áreas de riesgo), aquellos lugares donde tenemos una mayor probabilidad de encontrar a la persona desaparecida.

Manual de Búsqueda y Salvamento Terrestre. Manuel Jabalera. José Vicente Romero. Asociación Sosdesaparecidos
Medios terrestres y aéreos durante una búsqueda en el entorno rural. Cortesía de José Vicente Romero.

¿Qué partes componen la fase de respuesta inicial?

En esa primera fase, la primera estrategia que debemos utilizar es una buena investigación. En España estamos acostumbrados a recoger cuatro datos sobre la persona (nombre, edad, descripción física y vestimenta) y no se suele trabajar más en esto salvo que se trate de un tema delictivo.

La investigación se basa en ciertos elementos como es el cuestionario de la persona desaparecida; un documento extenso, de más de veinte hojas que nos permite conocer muy a fondo a la persona desaparecida y su entorno. Como al inicio del incidente este documento todavía no ha podido ser rellenado, debemos deducir el comportamiento del desaparecido en base a las estadísticas, a cómo se han comportado otras personas de su misma categoría en el pasado. Hablamos, por lo tanto, de comportamientos generales. El hecho de rellenar luego el cuestionario nos va a dar unos datos personales que van a ayudar a comprender el comportamiento de ese sujeto con mayor precisión. La investigación debe durar hasta el final del incidente y el documento en cuestión reflejará la salud física, mental y muchos aspectos de la vida del desaparecido.

Otro de los elementos que habría que trabajar durante la investigación son las entrevistas con todos aquellos que puedan aportar datos o conocer a la persona desaparecida (teniendo en cuenta que hay que hablar con varias personas, pues los datos pueden ser distintos).

También, dentro de la estrategia de investigación tenemos una parte que sería exclusivamente policial: la investigación de indicios, en la que se analizarían las cámaras de vigilancia, ordenadores, teléfonos móviles, agendas, diarios, etc. y todas aquellas zonas donde ha podido estar la persona desaparecida, incluida su propia vivienda. Así, en el caso de encontrarse un indicio se contactaría con la familia para ver si el hallazgo pertenece al desaparecido. Toda esta parte hay que entenderla como una investigación orientada hacia la búsqueda.

Además, hay que tener en cuenta que en esta fase de respuesta inicial se utilizan preferentemente estrategias combinadas como, por ejemplo, búsquedas sonoras que resultan de la combinación de la estrategia de búsqueda rápida con la estrategia de atracción por sonido y que han demostrado ser de tres a cuatro veces más eficientes.

Siguiendo en la fase de respuesta inicial, ¿cómo debe llevarse a cabo la búsqueda de ancianos y menores desaparecidos?

Con especial detenimiento. Por ejemplo, tras la desaparición de un anciano que vive en una residencia hay que buscar muy bien en el interior de este lugar, pues puede encontrarse caído en una habitación que no sea la suya al haberse equivocado de sitio. De hecho, no hace mucho leí el caso de una persona que se encontraba en un trastero donde se guardaban las escobas. Resultó que como en un principio la puerta no se abría se pensó que estaba cerrado, cuando en realidad eran las piernas de la persona las que estaban impidiendo su apertura.

También, en los edificios que tienen varias plantas, la búsqueda debe hacerse de arriba abajo, rastreando habitación por habitación siguiendo un patrón circular, siempre comenzando por aquellas estancias que se encuentran a un lado del pasillo y después por las que están al otro lado, y así en todas las plantas.

En el caso de un niño, la búsqueda todavía debe hacerse con más profundidad, ya que este puede estar escondido en los lugares más insospechados, como por ejemplo un baúl, una secadora o una caja fuerte.

Otra cosa que debemos mejorar es en la contención (también denominada confinamiento), a través de la cual tenemos que intentar evitar que la persona desaparecida salga del área de búsqueda, pues puede darse la circunstancia de que se marche a otro país y ni siquiera sea consciente de que la están buscando o bien no quiera ser encontrada.

La contención también tiene otros objetivos, como por ejemplo detener el avance de la persona para que no llegue a un área de riesgo. Algunos ejemplos de técnicas de contención son el bloqueo de caminos o carreteras, el balizamiento de un camino con una cinta de señalización en la que se diga que se está buscando a esa persona, etc. En España, sin embargo, el confinamiento se trabaja muy poco.

Una vez que hemos mirado en esos elementos en los que había más probabilidad de encontrar a la persona desaparecida y no hemos tenido un resultado positivo, ¿qué habría que hacer a continuación?

Entonces tendríamos que empezar con la fase de búsqueda planificada, en la que se realizan búsquedas de área. Aquí entendemos las búsquedas de área al colocar buscadores muy cercanos entre ellos. Sin embargo, para la teoría de la búsqueda se considera más eficiente espaciarlos más, lo que nos permite batir más terreno.

En este punto pasaríamos de una búsqueda rápida, realizada durante la fase inicial, a una estrategia de búsqueda eficiente en las que se utilizarían otras técnicas como las batidas sonoras y las visuales, en grupos muy pequeños y muy abiertos. El silbato, utilizado de una manera coordinada, nos va a dar más probabilidades de detectar a la persona, aunque antes hay que valorar si esas batidas sonoras se pueden utilizar. Para ello hay que tener en cuenta si las condiciones para la transmisión del sonido son favorables y si el sujeto va a responder.

En el caso de que no sea posible realizar las batidas sonoras colocaremos a los buscadores con una separación amplia, en una batida abierta, y si a pesar de todo seguimos sin tener un resultado positivo habría que comenzar con las batidas cerradas.

Manual de Búsqueda y Salvamento Terrestre. Manuel Jabalera. José Vicente Romero. Asociación Sosdesaparecidos
Evacuación en helicóptero. Cortesía de José Vicente Romero.

Por lo tanto, nos encontramos con varias fases de búsqueda: una rápida y otra más detallada…

Sí, aunque también existe una fase intermedia que comentaré a continuación.

Como hemos estado viendo, en la primera fase, llamada de respuesta inicial, se realiza una búsqueda rápida en la que debemos buscar en esos elementos en los que no nos hace falta planificar demasiado porque la experiencia nos dice que tenemos mucha probabilidad de encontrar a la persona y en ese momento no disponemos ni del tiempo ni de los recursos necesarios para llevar a cabo esa planificación más formal.

Después tenemos una fase de transición. Mientras estamos trabajando con esas búsquedas rápidas empezamos a preparar la fase siguiente y a pensar en el plan de acción que vamos a tener que implementar (estrategias que se van a seguir, técnicas y tácticas a utilizar, qué funciones va a tener cada persona, etc.). También empezaríamos a sectorizar el área de búsqueda y a dividirla en regiones de planificación, como se hace normalmente, y luego otra división en segmentos, más pequeños, de búsqueda.

Por último, en la segunda fase tendremos la búsqueda planificada, que está dividida en varias estrategias, como la búsqueda eficiente (con batidas sonoras y abiertas) y la búsqueda minuciosa, en la que se utilizarán batidas cerradas.

Otra última estrategia sería la búsqueda de evidencias, que solo se haría a requerimiento policial porque se necesitan muchos recursos para batir un área muy pequeña. Esta búsqueda se hace con los buscadores prácticamente tocándose, bien hombro con hombro o de rodillas en el suelo, tratando de encontrar alguna evidencia mínima como un anillo o un reloj. Esto solo se hace en puntos donde tenemos una probabilidad muy alta de detectar algo. Por ejemplo, en el caso de una persona que está en su huerto y desaparece. Ahí podríamos encontrar su teléfono móvil.

Esto no significa que los buscadores tengan que realizar las búsquedas estando muy cerca, sino que deben tener una formación en rastreo y en detección de indicios para no estropearlos.

Durante una búsqueda podemos encontrarnos con huellas, con un indicio que indica que la persona se ha salido del camino… Incluso, el vuelo de los buitres puede ser una señal. Un rastreador que está trabajando con nosotros es capaz de detectar si hay alguien cerca por el canto de ciertos pájaros. Sin embargo, vemos que el rastreo es prácticamente desconocido en España. Aquí se le llama rastrear a las batidas de buscadores, cuando ese no es su significado preciso. En Estados Unidos, los rastreadores son capaces de interpretar desde una rama rota hasta un trozo del terreno removido, disturbios de agua en un charco, el vuelo de los pájaros, etc., de ahí que sea importante que esas personas formen al resto para que por lo menos conozcan los indicios y no los destrocen.

Por último, ¿cómo deberíamos actuar si quisiéramos trabajar a un nivel muy alto de búsqueda?

Tendríamos que tener en cuenta la prueba de campo llamada «Promedio del Rango de Detección», ya que la probabilidad de detección no está en función solo de la distancia a la que colocas a los buscadores, sino que también depende del sensor (en este caso buscadores), de las condiciones del entorno (meteorología, terreno, vegetación, visibilidad…) y del objeto de búsqueda. No obstante, yo aconsejaría trabajar primero aquellos aspectos que nos van a ser más fáciles, como la determinación del área de búsqueda y la probabilidad de área.

También debemos tener en cuenta el uso de la fotografía de alta resolución realizadas desde helicópteros o desde drones. Para ello se debe contar con un estabilizador de imagen e ir echando ráfagas con la cámara puesta en automático. Luego, esas fotos se analizan en el puesto de mando con unas pantallas grandes que pueden llegar a mostrar detalles que no se ven en un primer momento.

Termino con un ejemplo que revela las ventajas del uso fotográfico de alta resolución. Hace un tiempo supe de un caso en el que se tomaron varias fotografías durante un vuelo por un paisaje nevado de alta montaña en el que no se detectó nada extraño. Sin embargo, al analizar aquellas imágenes se descubrió un punto rojo en una de ellas. Tras aquel hallazgo, el helicóptero volvió a sobrevolar esa zona y encontró a la persona desaparecida: un escalador que se había despeñado.

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